Es una de las expresiones más singulares de la cultura prehispánica en México. Este sitio arqueológico destaca por sus estructuras circulares únicas, asociadas a la tradición Teuchitlán, una civilización que desarrolló formas arquitectónicas y sociales distintas al resto de Mesoamérica. Aquí, la disposición de los espacios no solo respondía a lo funcional, sino también a lo simbólico: eran escenarios rituales donde la comunidad se reunía para ceremonias, danzas y prácticas espirituales ligadas a la naturaleza y al cosmos.




